Escala

Salimos en coche de la ciudad baja. Atravesamos el barranco de Tamaraceite y llegamos a Ladera Alta. Dejamos el vehículo y echamos a andar sin rumbo. Penetramos sin permiso en un terreno cerrado por una cadena, atraídos por una pista de asfalto de unos trescientos metros de longitud que se extiende como una cesura vacía. La pista está perfectamente señalizada y de uno de sus flancos arranca un ramal que culmina en una caseta y una mesa de hormigón. La prolongación imaginaria de la pista hace intersección con el horizonte marino. Entre ambos sólo se interpone un barco que desde dónde estamos parece que podemos contener en las palmas de las manos. De repente irrumpen en el lugar unos individuos con grandes bolsas. Nos invitan a que permanezcamos allí el tiempo que nos apetezca. Entran en la caseta y tras culminar sus preparativos hacen despegar sus aviones de aeromodelismo.

Mariano de Santa Ana, Lena Peñate Spicer y Juan José Valencia